VISITAS AL SANTÍSIMO SACRAMENTO

VISITAS AL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR



Si sabemos con certeza que Jesús está en la Eucaristía de forma real con su Cuerpo, Sangre Alma y Divinidad, creemos que el poder dialogar con Él debe ser una fuente de santidad, la mayor y mejor fuente de santidad. Dios nos quiere con amor y misericordia infinitos y no puede dejar de amarnos. Nosotros, desde nuestra miseria, como pecadores que somos, sólo podemos acogernos a su Infinita Misericordia y con plena confianza solicitar su perdón y sobre todo su Amor. Sabemos que Dios habla en el silencio y nada mejor que vernos frente al Santísimo Sacramento. La Beata Teresa de Calcuta decía: "En el silencio de nuestros corazones, Dios habla de SU AMOR; con nuestro silencio, permitimos que Jesús nos ame". ¿Quieres conocer, amar y servir a Jesús? "Búscalo en el Sagrario. Fija tus ojos en Él, que es la Luz. Acerca tu corazón a Su Divino Corazón y pídele la gracia de conocerle". (id.) Y como dice la canción: "Es imposible conocerte y no amarte; es imposible amarte y no seguirte... Me has seducido, Señor... ¿Por qué me has llamado...?" ¿Por qué te has fijado en mí...? ¿Qué quieres que haga por Tí...? ¿Qué menos que una visita de hijo pródigo a Padre de Misericordia, realmente presente en la Eucaristía, para amarle?
(*) ¡Qué bien se está contigo,
Señor, junto al Sagrario!
¡Qué bien se está contigo…!
¿Por qué no vendré más?
Desde hace muchos años
vengo a verte a diario
y aquí te encuentro siempre,
amante solitario…
solo, pobre, escondido
pensando en mí quizás…

Tú no me dices nada
ni yo te digo nada,
si ya lo sabes todo,
¿qué te voy yo a decir?
Sabes todas mis penas,
todas mis alegrías,
sabes que vengo a verte
con las manos vacías
y que no tengo nada
que te pueda servir.

Siempre que vengo a verte,
siempre te encuentro solo.
¿Será que nadie sabe,
Señor, que estás aquí?
¡No sé! pero sé, en cambio,
que aunque nadie te amara
ni te lo agradeciera
aquí estarías siempre
esperándome a mi…

¿Por qué no vendré más…?
¡Qué ciego estoy, qué ciego!
Si sé por experiencia
que cuando a Ti me llego
siempre vuelvo cambiado,
siempre salgo mejor…
¿A dónde voy, Dios mío,
cuando a mi Dios no vengo?
Si Tú me esperas siempre,
si a Ti siempre te tengo,
si jamás me has cerrado
las puertas de tu amor…

Por otros se recorren
a pie largos caminos;
acuden de muy lejos
cansados peregrinos
o pagan grandes sumas
que no han de recobrar.
Por Ti nadie pregunta,
de Ti nadie hace caso,
aquí, si alguno entra,
sólo es como de paso…
Aquí eres Tú quien paga
si alguno quiere entrar…

¿Por qué no vendré más,
si sé que aquí a tu lado
puedo encontrar, Dios mío,
lo que tanto he buscado?
Mi luz, mi fortaleza,
mi paz, mi único bien…
Si jamás he venido
que no te haya encontrado.
Si jamás he sufrido,
si jamás he llorado,
Señor, sin que conmigo
llorases Tú también…

¿Por qué no vendré más?
Si Tú lo estás deseando
si yo lo necesito…
Si sé que no sé nada
cuando no vengo aquí.
Si aquí me enseñarías
la ciencia de los santos,
esa ciencia bendita
que aquí aprendieron tantos
que fueron tus amigos
y gozan ya de Ti…

¿Por qué no vendré más?,
si sé yo, Carmelita,
que tú eres el modelo
que mi alma necesita,
que nada se hace duro
mirándote a Ti aquí.
El sagrario es la celda
donde estás encerrado.
¡Qué pobre!, ¡qué obediente!
¡qué manso!, ¡qué callado!
¡Qué solo!, ¡qué escondido!
¡Nadie se fija en Ti!

¿Por qué no vendré más,
oh Bondad infinita?
¡Riqueza inestimable
que nada necesita
y que te has humillado
a mendigar mi amor!
¡Ábreme ya esa puerta,
sea ya esa mi vida
olvidada de todos,
de todos escondida!
¡Qué bien se está contigo!
¡Qué bien se está, contigo, Señor!


(*) Este poema lo conservaba Don Álvaro del Portillo entre las páginas de su breviario. El texto es de un carmelita.

Adoración al Santísimo Sacramento.
(Santo Tomás de Aquino)


Toma, Señor, y recibe
toda mi libertad, mi memoria,
mi entendimiento
y toda mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer.

Tú me lo diste,
a ti, Señor, lo torno.
Todo es tuyo.
Dispón de todo según tu voluntad.
Dame tu amor y tu gracia,
y esto me basta.
Amén.


Adoro te Devote
(Santo Tomás de Aquino)

     Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.
     Al juzgar de ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto, pero basta con el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios; nada es más verdadero que esta palabra de verdad.
     En la cruz se escondía sólo la divinidad, pero aquí también se esconde la humanidad; creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió el ladrón arrepentido.
     No veo las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios; haz que yo crea más y más en ti, que en ti espere, que te ame.
     ¡Oh memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que da la vida al hombre; concédele a mi alma que de ti viva, y que siempre saboree tu dulzura.
     Señor Jesús, bondadoso pelícano, límpiame, a mí, inmundo, con tu sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.

     Jesús, a quien ahora veo escondido, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro ya no oculto, sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.


COMUNIÓN ESPIRITUAL

     Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar.
     Te amo sobre todas las cosas y me pesa de todo corazón haberte ofendido. Deseo, en este momento, recibirte en mi alma, más ya que no puedo hacerlo sacramentalmente, ven, por lo menos, espiritualmente a mi corazón.
     “Señor, no soy digno, ni merezco que entres en mi pobre morada, pero di una sola palabra y mi alma será sana, salva y perdonada. El Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, guarden mi alma para la vida eterna. Amén”
      Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno enteramente a Ti. Señor, no permitas que por el pecado me separe de Ti. Amén.
      Te suplico, oh Señor mío Jesucristo, que la ardiente y dulce fuerza de tu amor, embargue toda mi alma, a fin de que muera de amor por Ti, así como Tú, te dignaste morir de amor por mí. Amén.


COMUNIÓN ESPIRITUAL BREVE


     Yo quisiera, Señor, recibirte con aquella pureza, humildad y devoción con que te recibió tu santísima Madre; y con el espíritu y fervor de los santos. Amén.


“El lugar por excelencia de la comunión espiritual es la iglesia y su momento privilegiado es aquél en el que la persona está arrodillada ante el Santísimo sacramento”.
(Rahner)

La comunión espiritual se puede hacer en cualquier momento del día y en cualquier lugar del mundo, pero, ciertamente, el momento más apropiado es el de la visita y adoración a Jesús sacramentado. Incluso, viajando o trabajando, podemos estar en adoración ante Jesús sacramentado.

Santa Catalina de Siena tuvo una visión. Vio a Jesús con dos cálices y le dijo: “En este cáliz de oro pongo tus comuniones sacramentales y, en éste de plata, tus comuniones espirituales Los dos cálices me son agradables”.

“Una Comunión espiritual actúa en el alma como un soplo de viento en una brasa que está a punto de extinguirse. Cada vez que sientas que tu amor por Dios se está enfriando, rápidamente haz una Comunión espiritual”.
(San Juan María Vianney, el Cura de Ars)



“Tendré una capilla fabricada en medio de mi corazón y en ella, día y noche, adoraré a Dios con un culto espiritual”.
(S. Antonio María Claret)



“Cuando no podáis comulgar ni oír misa, podéis comulgar espiritualmente, que es de grandísimo provecho”
(Santa Teresa de Jesús)

Oración al Santísimo Sacramento.
(Santo Tomás de Aquino)

     Oh, santísimo Jesús, que aquí eres verdaderamente Dios escondido: concédeme desear ardientemente, buscar prudentemente, conocer verdaderamente y cumplir perfectamente, en alabanza y gloria de tu nombre, todo lo que te agrada. Ordena, oh Dios mío, el estado de mi vida: concédeme que conozca lo que de mí quieres y que lo cumpla como es menester y conviene a mi alma. Dame, oh Señor Dios mío, que no desfallezca entre las prosperidades y adversidades, para que ni en aquellas me ensalce, ni en éstas me abata. De ninguna tengo gozo ni pena, sino de lo que lleva a ti o apartas de ti. Séanme viles, Señor, todas las cosas transitorias, y preciosas todas las eternas. Disgústeme, Señor, todo gozo sin ti. Séame deleitoso, oh Señor, cualquier trabajo por ti, y enojoso el descanso sin ti. Dame, oh Dios mío, que levante a ti mi corazón, frecuente y fervorosamente, hacerlo todo con amor, tener por muerto lo que no pertenece a tu servicio, hacer mis obras no por rutina, sino refiriéndolas a ti con devoción. Hazme, oh Jesús, amor mío y mi vida, obediente sin contradicción, pobre sin rebajamiento, casto sin corrupción, paciente sin murmuración, humilde sin ficción, alegre sin disipación, maduro sin pesadumbre, diligente sin inconsistencia, temeroso de ti sin desesperación, veraz sin doblez; haz que practique el bien sin presunción, que corrija al prójimo sin soberbia, que le edifique con palabras y obras sin fingimientos. Dame, oh Señor Dios mío, un corazón vigilante que ningún pensamiento curioso le aparte de ti: dame un corazón noble que ninguna intención siniestra le desvíe; dame un corazón firme que ninguna tribulación le quebrante; dame un corazón libre que ninguna pasión violenta le domine. Otórgame, oh Señor Dios mío, entendimiento que te conozca, diligencia que te busque, sabiduría que te halle, comportamiento que te agrade, perseverancia que confiadamente te espere y esperanza que finalmente te abrace. Dame que me aflija aquí con tus penas por la penitencia, que en el camino de mi vida use de tus beneficios por gracia, y en la patria goce de tus alegrías por gloria. Señor que vives y reinas, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Oración a Jesús Sacramentado. 
(Santo Tomás de Aquino)

     Concédeme, Dios misericordioso, que desee yo con ardor lo que Tú apruebas, que lo busque con prudencia, lo reconozca con verdad, lo cumpla con perfección, en alabanza y gloria de tu nombre.  Pon orden en mi vida, y concédeme conocer lo que quieres que haga; concédeme cumplir debidamente lo que sea útil para la salvación de mi alma. Que me dirija a ti, Señor, por un camino seguro, recto, agradable, y apto para llevarme al término; un camino que no se extravíe entre las prosperidades y las adversidades, de modo que te dé gracias en las cosas prósperas, y en las adversas conserve la paciencia, no dejándome exaltar por las primeras ni abatir por las segundas.  Que nada me regocije ni me atribule, fuera de aquello que a ti me lleve o me aparte de ti. Que no desee gustar o tema desagradar a nadie sino a ti. Que todo lo perecedero se vuelva vil ante mis ojos por tu causa, Señor, y que todo lo que contigo se relacione sea amado por mí; y Tú más que todas las cosas. Que toda alegría que existe sin ti me fatigue y, fuera de ti, nada desee. Que todo trabajo, Señor, me sea agradable si es para ti, y todo reposo ajeno a ti me sea insoportable. Concédeme elevar frecuentemente mi corazón a ti, y cuando desfallezca, que me apene de mi falta con propósito firme de corregirme. Hazme, Señor, obediente sin contradicción, pobre sin defecto, casto sin corrupción, paciente sin protesta, humilde sin ficción, alegre sin disipación, triste sin abatimiento, maduro sin pesadumbre, diligente sin inconstancia, animado por tu temor sin desesperación, sincero sin doblez, hacedor del bien sin presunción, capaz de reprender al prójimo sin soberbia, edificándolo con palabras y ejemplos sin fingimientos. Dame, Señor Dios, un corazón vigilante, que ningún pensamiento curioso arrastre lejos de ti; un corazón noble, que ninguna indigna afección lo desvíe; un corazón firme, que ninguna adversidad destroce; un corazón libre, que ninguna pasión violenta subyugue.  Concédeme, Señor, Dios mío, una inteligencia que te conozca, una diligencia que te busque, una sabiduría que te encuentre, una vida que te plazca, una perseverancia que te espere con confianza y una confianza que al fin te posea. Concédeme ser afligido por tus penas en la penitencia y que en el camino de mi vida use de tus alegrías para la gloria. Señor, que vives y reinas, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Oración a Jesús Sacramentado
(San Alfonso María de Ligorio)


     Señor mío Jesucristo, que por amor a los hombre estás noche y día en este sacramento, lleno de piedad y de amor, esperando, llamando y recibiendo a cuantos vienen a visitarte: creo que estás presente en el sacramento del altar. Te adoro desde el abismo de mi nada y te doy gracias por todas las mercedes que me has hecho, y especialmente por haberte dado Tú mismo en este sacramento, por haberme concedido por mi abogada a tu amantísima Madre y haberme llamado a visitarte en esta iglesia.



     Adoro ahora a tu Santísimo corazón y deseo adorarlo por tres fines: el primero, en acción de gracias por este insigne beneficio; en segundo lugar, para resarcirte de todas las injurias que recibes de tus enemigos en este sacramento; y finalmente, deseando adorarte con esta visita en todos los lugares de la tierra donde estás sacramentado con menos culto y abandono.



QUINCE MINUTOS A JESÚS SACRAMENTADO.

(Ante la imposibilidad de estar realmente frente a Jesús Eucaristía, pide a tu Ángel de la Guarda que te transporte en espíritu al Sagrario más cercano)

     "No es preciso hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que me ames mucho. Háblame pues aquí, sencillamente, como hablarías al más íntimo de tus amigos, como hablarías a tu madre o a tu hermano.

     ¿Necesitas hacerme a favor de alguien alguna súplica cualquiera? Dime su nombre, bien sea de tus padres, el de tus hermanos y amigos. Dime enseguida qué quisieras hiciese yo actualmente por ellos. Pide mucho, mucho. No vaciles en pedir. Me gustan los corazones generosos, que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos para atender las necesidades de los demás. Háblame con sencillez de las personas a quienes quisieras ayudar; de los enfermos a quienes ves sufrir; de los descarriados que tú anhelas regresen al buen camino; de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos una palabra siquiera; pero palabra de amigo, palabra ardiente y fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón y ¿no ha de salir del corazón el ruego que me diriges por aquellos que tu corazón especialmente ama?

     ¿Y para ti, no necesitas ninguna gracia? Hazme, si quieres, como una lista de tus necesidades y ven, léela en mi presencia. . Dime francamente que sientes orgullo, amor a la sensualidad y al placer, que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente... y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos que haces para liberarte de tus faltas. ¡No te avergüences, hijo mío! ¡hay en el cielo tantos y tantos justos, tantos y tantos santos que tuvieron esos mismos defectos! Pero rezaron con humildad..., y poco a poco se vieron libres de ellos. No vaciles en pedirme bienes espirituales y materiales, salud, memoria, éxito en tus trabajos, proyectos o estudios... Todo eso puedo darte, y deseo me lo pidas, siempre que no obstaculicen, sino más bien ayuden a tu santificación. Precisamente hoy, ¿qué necesitas? ¿Qué puedo hacer por ti? ¡Si supieras cuánto deseo poder ayudarte!

     ¿Tienes ahora algún proyecto? Cuéntamelo todo. ¿Qué te preocupa?, ¿qué piensas?, ¿qué deseas?, ¿qué puedo hacer por tus padres, tus hermanos, tus hijos, tus compañeros, tus amigos? ¿Qué desearías hacer por ellos? Y por mí, ¿No sientes deseo de mi gloria? ¿Quieres que haga algo por quienes amas mucho pero que quizá viven lejos de mí? Dime qué cosa en particular llama tu atención hoy, qué deseas más ardientemente y con qué medios cuentas para obtenerlo. Dime si no se te logran tus planes y te diré las causas de tus dificultades. ¿Deseas apoyarte en mí? Hijo mío, yo soy el Señor de los corazones, y los muevo adonde deseo sin violentar su libertad.

     ¿Sientes acaso tristeza o mal humor? Cuéntame tus tristezas detalladamente. ¿Quién te ha herido? ¿Quién lastimó tu orgullo? ¿Quién te ha maltratado? Acércate a mi corazón y encontrarás el bálsamo para esas heridas del tuyo. Cuéntamelo todo y acabaras por decirme que, a semejanza de mí, todo lo perdonas, todo lo olvidas y en pago,... recibirás mi bendición consoladora.

     ¿Tienes miedo tal vez? ¿Sientes en tu alma conmociones vagas de tristeza, que por injustificadas no dejan de ser desgarradoras? Apóyate en mi providencia. Yo estoy contigo, a tu lado. Veo todo, escucho todo. No te abandonaré en ningún momento.

     ¿Sientes el olvido por parte de personas que antes te quisieron bien y ahora se alejan de ti sin razón? Reza por ellos, y yo te los devolveré, si no han de ser obstáculo para tu salvación.

     ¿Y no tienes alguna alegría que comunicarme? ¿Quieres hacerme partícipe de ella como buen amigo tuyo? Cuéntame lo que desde ayer, desde la última visita que me hiciste, ha consolado y hecho como sonreír tu corazón. Quizás has tenido agradables sorpresas; quizás has tenido agradables sorpresas; quizás has visto disipadas graves dudas, has recibido buenas noticias, una carta, un detalle de cariño, has vencido una dificultad, o salido de una situación angustiosa. Todo esto es obra mía. Yo te lo he concedido. ¿Por qué no has de manifestarme tu gratitud y decirme sencillamente como un hijo a su padre: "Gracias, Padre Mío"? El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le agrada verse correspondido.

     ¿Tienes alguna promesa que hacerme? Leo, ya lo sabes, el fondo de tu corazón: a los hombres se engaña fácilmente; a Dios, no. Háblame pues, con toda sinceridad.

     ¿Tienes firme resolución de no exponerte más a aquella ocasión de pecado? ¿De privarte de aquel objeto que te dañó? ¿De no leer más aquel libro que excitó tu imaginación? ¿De evitar aquella persona que quitó paz a tu alma? ¿Vas a ser generoso con esa persona a quien consideras tu enemiga porque te ofendió?

     Ahora hijo mío regresa a tus ocupaciones habituales, a tu familia, a tu trabajo, a tus estudios... pero no olvides estos quince minutos de conversación íntima que hemos tenido en el silencio del sagrario. Guarda en lo posible, silencio, modestia, resignación, amor a tu prójimo. Ama a mi Madre, que lo es también tuya, la Virgen Santísima, y vuelve otra vez a mí con el corazón más amoroso, más entregado; en el mío encontrarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.



MENSAJE DEL ÁNGEL CUSTODIO
Hermano mío, me siento contento de poder hablarte en estos momentos. Yo soy tu amigo y, desde el primer instante de tu existencia, estoy a tu lado y lo estaré hasta que llegues a la patria celestial. Incluso en el purgatorio estaré a tu lado para consolarte en esos momentos de sufrimiento. Amigo y hermano mío, yo conozco toda tu vida. He vivido siempre contigo. Y no quiero en este momento recordarte todos tus momentos malos ni tantos otros en los que me has hecho sufrir al apartarte de los caminos de Dios. De todos modos, quiero que sepas que me siento contento, cuando vienes a misa o cuando vienes a hacer tu visita diaria a Jesús. Yo me siento feliz de verte y ofrezco al Señor tu oración y adoración.
Tú no puedes comprender ahora cuántas bendiciones recibes para ti y tu familia, cuando vienes a la iglesia; algún día lo sabrás. Lo importante es que seas constante 126 en venir. Ojalá que Jesús sea tu mejor amigo y sientas verdadero deseo de demostrarle tu amor, viniendo cada día a visitarlo. Cuando estás delante de Jesús sacramentado, yo estoy adorando en tu nombre también a Jesús. Somos dos. ¿Por qué no podemos ser muchos más? Te diré un secreto: Hay muchos ángeles que adoran a Jesús en todos los sagrarios de la tierra y muchos de ellos quieren ser tus amigos personales y adorar a Jesús en tu nombre.
¿Qué te parece si te comprometes a ser su amigo con la condición de que ellos amen y adoren a Jesús en tu nombre todos los días y a todas las horas? Será para ti una fuente inmensa de bendiciones, más de lo que puedes imaginar. Mira, para ello, haz algo muy fácil. Di conmigo esta pequeña oración que puedes repetir todos los días, cuando vengas a visitar a Jesús, para que te acuerdes de tu compromiso.

ORACIÓN: En presencia de la Santísima Trinidad y en compañía de María, quiero agradecer a Dios por los millones de ángeles que adoran continuamente a Jesús sacramentado en todos los sagrarios de la tierra y en cada lugar donde hay una hostia consagrada. En este momento, quiero comprometerme con cada 127 uno de los ángeles, adoradores de Jesús Eucaristía, para ser su hermano para siempre. Que ellos adoren a Jesús y lo amen en mi nombre, de día y de noche, a todas horas. Por mi parte, ofrezco a Dios, en su nombre, todas las misas, comuniones y visitas que he hecho en mi vida y que pueda hacer en el futuro. Quiero asistir a misa, comulgar y adorar a Jesús asociado al coro de los ángeles adoradores de la Eucaristía para así amar a Jesús con todo mi corazón. Amén.
VISITA A JESUS EUCARISTÍA
Fuente: Catholic.net
Autor: P. Mariano de Blas Adaptación y arreglo: José Luis Elizalde.

 Jesús Amigo, Señor y Dios mío, que estás aquí presente en este Santísimo Sacramento del Altar y en todos los Sagrarios del mundo.
 Sé que me estás mirando con amor. Conoces toda mi vida: la pasada, la presente y la futura. Me has acompañado en el día de ayer y me vas a acompañar en el día de hoy; me has acompañado siempre, desde el primer día en el que abrí los ojos a este mundo. Cuando he sido fiel y cuando he sido infiel. ¡Siempre! Tú, Jesús Amigo, que estás aquí presente, quiero hacerte una pregunta: dime, ¿por qué estás aquí, en este Sagrario, a veces, tan solo, tan abandonado? Ya sé que te quedaste en él por Amor... porque me amas con Amor Infinito y no puedes dejar de amarme, porque me quieres muchísimo. Jesús Amigo, ¡dímelo siempre, uno y otro día, y grábalo en mi corazón con el fuego de tu Espíritu! ¡Dios me ama! ¡Dios me quiere muchísimo!
 Tú, Jesús Amigo, sabes que a veces... se me olvidan las cosas y se acerca el atardecer de mi vida... Recuérdame siempre que ME AMAS.
 ¡Jesús Amigo, escúchame! Aquí estoy porque TE AMO Y CONFÍO EN TÍ y ME ABANDONO A TU MISERICORDIA INFINITA. Y quiero darte gracias por ella, por Tu presencia real, aquí y ahora, en este Santísimo Sacramento. También quiero darte gracias por tu Iglesia, que vive de la Eucaristía, y por darme por Madre a tu Madre María.
 Asimismo, también quiero darte gracias por todas las almas buenas que hay en el mundo y Te aman… ¡Que bien que sabes lo que Yo te amo! Me quedé aquí para ayudarte. Me quedé en este Sagrario, por ti, ¡sólo por ti...! y por la salvación de todos los hombres y mujeres del mundo.
 Y ahora… deja que te cuente algo sobre tu vida interior: Sé muy bien que eres débil, que caes con facilidad. A pesar de eso, te amo tal como eres, y aquí estoy. ¡Ven a visitarme! “Mira que estoy llamando a tu puerta… si me abres… entraré y comeré contigo” (Apocalipsis 3, 30)
 Yo soy tu fortaleza. ¡Pídeme fuerza! Ven a verme todos los días en los que no sientas nada... y todo lo veas oscuro: los días que estés desanimado del todo: Ven a verme ese día que quieres acabar con todo... ¡Yo te daré nuevos ánimos y nuevas fuerzas! Ven a verme ese día en el que has caído gravemente…
¡No tengas pena, ven! Que todo tiene remedio, si vienes a Mí con confianza, con humildad. Ven a visitarme cuando hayas tenido un gran fracaso... ¿Recuerdas? “Venid a Mí todos los que estáis cansado y agobiados y Yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. (Mt 11, 25-30)
 Me quedé en el Sagrario para ayudarte todos los días de tu vida. No porque lo merezcas, sino porque te amo gratuitamente como nadie te ha amado ni te amará jamás. ¡No puedo dejar de amarte! Por eso me quedé... ¡para amarte! Para amarte desde aquí, con un amor infinito. Y aunque no te pido que lo merezcas, sólo te pido que lo aceptes. ¡Yo te amo desde toda la eternidad! Déjate querer por tu Dios, por tu Redentor. ¡Me costaste tanto...! Ya sé que te sientes indigno, que tus pecados y tus faltas tratan de apartarte de Mí. Mira, a pesar de ellos, Yo te amo tal y como eres, con todos tus pecados y faltas, tus infidelidades y tus miserias... y también por tus buenas acciones, con tus buenos propósitos, aunque algunos de ellos no los cumplas...
 Mira, el amor hace felices a los hombres. Tú necesitas amar y sentirte amado. Yo te ofrezco el amor de todo un Dios: y te lo ofrezco no sólo hoy, sino todos los días de tu vida... ¡y de forma gratuita! Hoy, mañana y dentro de un año. ¡Siempre! Y tú, ¿me darás tu amor? Recuerda: "Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20)
 Cuando vengas a Mí, encontrarás en Mí, un amor vigilante, siempre fiel e inmutable, el mismo amor infinito de Dios. ¡Recuerda! “No puedo dejar de amarte”.
 Decidí amarte desde toda la eternidad a pesar de tus faltas, pecados e ingratitudes. Me quedé, aquí en el Sagrario, para perdonarte. Sabía muy bien que en tu vida habría muchos pecados, muchas infidelidades... muchas miserias... ¡Todos tus pecados están perdonados por los méritos de mi Pasión y Muerte! Pero Resucité y me propuse desde un principio hacerte hijo mío. Por tanto... hasta el día de hoy ya está todo perdonado y olvidado. No importa qué hiciste o dejaste de hacer hasta ahora... Lo que me interesa muchísimo es lo que vas a hacer de ahora en adelante.
 No dudes jamás, ni de mi amor, ni de mi bondad, ni de mi poder, ni de mi perdón. Puedes dudar de tí mismo, puedes dudar de tus promesas..., de tus propias fuerzas, pero jamás dudes de mi perdón, de mi misericordia, de mi amistad para contigo.
Yo te he perdonado siempre, te lo perdono todo y estoy dispuesto a perdonarte... ¡hasta el último pecado! (Mira, ¡hasta estaría dispuesto a morir de nuevo por tí!) Pero tienes que venir a Mí con confianza, con arrepentimiento... Basta con que me digas, como el publicano: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador” (Lc 18, 9-14)
 Estoy aquí, en el Sagrario, para recibir tu amor de cada día. ¡Dame tu corazón, tu amor, tus delicadezas, tus detalles de ternura...! Mira, una genuflexión bien hecha, me hace pensar en tí. Una postura correcta en la Iglesia me hace ver que me estimas y que sabes que estoy aquí, esperando tu visita. Una Misa bien oída... ¡me da tanta alegría! ¡Sólo quisiera recordarte que su valor es infinito! Una visita ferviente al Sagrario, una Hora Eucarística, me recuerda que me quedé en la Eucaristía para ayudarte, perdonarte, amarte. Y me digo a menudo... cuando las personas vienen a verme: “¡Valió la pena!” Una comunión llena de amor y de confianza... ¡no sabes cuánto representa para Mí! Porque... “El que come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, mora en Mí y Yo en él”. (Juan 6, 54-56) Esto ocurre en la comunión formando una fusión de amor, en cuya fusión Tú eres lo más importante.
  Estoy aquí, en el Sagrario de esta Iglesia, para que vengas a verme y así ayudarte a vivir santamente. ¡Espero tanto de tu vida..., de ti..., de tu amor...!
 Desde el Sagrario te seguiré allí donde tú vayas, a lo largo de cada día, de cada hora, de cada instante. Desde aquí te mando todas las gracias que necesitas. ¿No has notado su influjo? Te quiero dar mucho más de lo que me pides. Hasta ahora me has pedido poco. Yo te voy a dar mucho más de lo que no te has atrevido a pedirme. Y así, de esta visita vas a salir... si tú quieres..., si tú me dejas... vas a salir más contento, más confortado, más feliz, más motivado... y decidido a ¡ser mejor...! incluso... ¡hasta ser santo! ¡Como el Buen Ladrón, que supo robar mi Amor, en el último instante de su vida! "¡Jesús, acuérdate de mi cuando llegues a tu Reino". "En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lc 23, 42-43).
 Mi gracia es el agua viva que está llenando tu cántaro. ¡Déjame llenar tu vida hasta rebosar... de paz, de alegría, de generosidad, de amor, de felicidad... ¡de entrega!
¡Yo soy la felicidad y el amor! Yo no necesito nada de ti para ser feliz, pero tú, ¡sí que me necesitas! Sin Mí eres como una flor marchita, deshojada, triste, sola, muerta.
 Mira, amigo mío, a cambio de mis dones voy a pedirte una cosa; algo relacionado con mis almas: Quiero que seas mi apóstol, mi mensajero. También quiero algo relacionado con tu santidad: ¡Quiero que seas santo! Algo relacionado con el amor: quisiera ser, entre tus amores, el primero, el más hermoso, el más limpio, el más maravilloso que se cruzó en tu camino.
 También quiero un día llevarte conmigo al cielo para estrecharte contra mi Corazón, para que goces de la felicidad eterna, de mi amor sin fin. Mira, estoy aquí en el Sagrario para ayudarte a conseguirlo: ¡Me necesitas tanto! Estoy aquí, para amarte con un amor infinito, como nadie te amará jamás... Estoy aquí para perdonarte todo y siempre: desde el primer pecado hasta el último. Mi perdón, mi misericordia es infinitamente mayor que todos tus pecados y los del mundo entero.
 Simplemente quiero recordarte que “cuanto mayor es el pecador, mayor derecho tiene a mi Misericordia”. ¡No lo olvides nunca! Estoy aquí para recibir tu amor de todos los días. Tu amor me satisface, aunque sea pequeño... si es sincero. Busco en ti una sola cosa: tu amor y tu felicidad.
  También estoy aquí para pedirte algo: ¡quiero que seas mi apóstol, que seas santo, que me ayudes con tu fidelidad a salvar al mundo: ¿Recuerdas cuando en la cruz, después de daros a mi Madre, exclamé: ¡Tengo sed...!? Con estas dos palabras quería decirte que te necesito... ¡más que nunca! Hay millones de almas que han oído hablar de Mí, pero no quieren creer. También las amo y quiero que vengan a Mí. Y hay otras (más de 3.000 millones) que “todavía”, en este siglo XXI, no han oído hablar de Mí. ¡A pesar de las técnicas de comunicación modernas...! ¡Por eso te necesito! ¡Quiero que me lleves hasta ellas! ¡Pondré en tus manos todos los medios necesarios! ¡Confía en Mí! ¡Aun contra toda esperanza! ¡Aunque no sientas nada y todo te parezca que te sale mal y te vas a morir sin conseguir las metas deseadas…!
¡Déjalo de mi parte! Yo sólo quiero que me digas que quieres ayudarme, que me amas y que confías en Mí, que te abandonas a Mi Misericordia! ¿Qué piensas? ¿Qué dices? ¿Qué respondes a mis deseos? ¡Es tanto lo que espero de ti...! ¡Es tanto lo que puedes hacer por las almas, por tu santificación, por tu Amigo Jesús...! Solicito tu ayuda, “como el pobre que pide limosna...” ¿Quieres ayudarme? ¿quieres ser mi apóstol?” ¡Entrégate totalmente a Mí! ¡Quiero servirme de ti para lograr grandes cosas, pero con la condición de que creas más en Mí Amor, que en tu debilidad! ¡Cree en Mi, confía en Mí con una gran sonrisa, creyendo siempre que Yo soy el Camino al Padre! Tú tienes la palabra... ¡confío tanto en ti! Yo no te defraudaré jamás... ¿Y tú?
 ¡Ven a mis brazos! ¡Abandónate en mi Corazón, en mi Misericordia! ¡Abandónate en mi Ternura, en mi Amor! ¡Ven a verme mañana y todos los días y cuéntame cómo te va, cómo te encuentras! Dime qué has hecho a lo largo del día… Yo te espero aquí, en el Sagrario. ¡Estoy deseando escucharte! ¡Quiero saberlo todo de tí ¡Tus problemas y quejas, tus infortunios, tus proyectos, tus aspiraciones...todo! ¡Quiero saber de tí, de los tuyos, de tu familia... de tus trabajos en casa, en la oficina... desde que te levantas hasta que te acuestas...! Pero sobre todo, dime que Me amas, que confías en Mí!
 Termino haciéndote una invitación a la oración. Decía San Agustín que “La oración es la fuerza del hombre... y la debilidad de Dios”... ¡Aprovéchate de ella! Y si has tenido la desgracia de ofenderme... ¡Levántate! ¡No temas! ¡Yo estaré contigo! porque... “Un corazón contrito y humillado, oh Dios, Tú no lo desprecias” (Sal 50, 19), y “si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha y le salva de sus angustias” (Sal 34, 7).
 No lo olvides, TE AMO... hasta dar la vida... por todos los hombres..., y por ti! ¡Esta es la mayor prueba de amor que puedo darte! Ya te lo demostré sobre la Cruz. ¡Lo hice por tí! Dime, amigo mío... y tú, ¿Qué has hecho por Mí? ¿Qué haces por Mí? ¿Qué vas a hacer por Mí de ahora en adelante? ¡Yo siempre te esperaré para llevar tu cruz! ¡TE AMO! ¡NO PUEDO DEJAR DE AMARTE".
Un último ruego: Cuando vengas a verme no te olvides de mi Madre. Ven con Ella. Recuerda que es la Medianera de todas “Mis Gracias”. Ella es la única mujer tan inmaculada, tan llena de gracia desde el primer instante de su concepción, que quise que fuera mi Madre, la Madre de Dios.

  Pídele que me presente todos tus deseos y como en Caná de Galilea, Yo haré el milagro de convertir el agua en vino, y tus deseos en santidad. ¡Confía en Ella! ¡Sigue su consejo: "Haced lo que Él os diga"! (Lc 2, 5) ¡Yo mismo os la dejé, como Madre vuestra, al pie de la Cruz! ¡Y jamás ha sido desamparado quien ha acudido a Ella con humildad, confianza y perseverancia! “He ahí a tu Madre” ¡Confía en Ella! Y ahora, antes de terminar, recuerda que ¡TENGO SED…! de ti y de todas las almas de la Humanidad! ¡Ayúdame a llegar hasta ellas! ¡AMÉN!
VERSOS PARA LA SANTA ADORACIÓN

Hora feliz de dicha y de ventura
en que a tus pies me postro mi Señor.
En la que mi alma escucha con ternura,
llena de gratitud y de dulzura,
el íntimo lenguaje de tu amor.

Ahí estás... en esa hostia inmaculada.
En este instante sólo para mí.
Y yo, de las criaturas alejada,
aquí, al pie del altar arrodillada,
también estoy tan sólo para Ti.

El uno para el otro, ¡qué ventura!...
Los dos a solas, ¡cuánta dignación!

Dios muriendo de amor por su criatura
y diciéndole lleno de ternura:
¿Me das, hijo mío, tu corazón?

Sí, mi Jesús, el corazón te entrego,
mas en cambio yo el tuyo solicito.
Corazones cambiar podemos,
luego que abrasados están del mismo fuego,
y vivir en el tuyo necesito.

Abre, Señor, la sacrosanta llaga,
déjame penetrar ese Santuario.
Que tu pobre esclava agradecida
consuma en él su pasajera vida
como el fuego de místico incensario.

Bien ves que éste ha sido siempre mi deseo,
aunque mil veces te haya sido infiel...
Por tu Madre dulcísima he sabido
que hay en tu amante corazón un nido
y ansiosa estoy de reposar en el.

Cual ave fatigada y perseguida
huyo acosada del maligno cruel.
Y en vano busco en esta triste vida
algo que alegre mi alma dolorida
y lejos de ti, mi Dios, no lo hallaré.

Como el ciervo sediento y fatigado
inhala de las aguas la frescura,
así mi alma sedienta de su amado,
ansía por penetrar en su costado
para saciarse de su sangre pura.

Ya estoy en Él, ya corre por mi frente
la sangre de su ardiente Corazón.
La ofreceré con mi oración ferviente
hasta el trono del Padre Omnipotente,
para alcanzar de todos el perdón.

¡Piedad para la Iglesia perseguida!
¡Luz y fuerza al piloto que la guía!...
Oh Jesús, nuestra plegaria unida,
dará a los pecadores nueva vida,
vida de paz, de dicha y alegría.

Que las almas se salven, que te adoren,
que caigan a tus pies de amor henchidas,
y los ultrajes que recibes lloren...,
dándote en cambio con su amor sus vidas.

A los que cuidan tu redil amado,
ilumina con luz indeficiente;
que el rebaño eucarístico confiado
a su solicitud y su cuidado,
conduzcan hacia ti seguramente.

A mis hermanas que por ti rompieron
los dulces lazos del cariño santo...
Que para el mundo por tu amor murieron
e iluminadas por la fe te vieron,
del sacramento tras los velos blancos...
¡Oh mi Jesús amante y solitario!
Concédeles en ti pasar la vida...
Que cada adoratriz sea un relicario
y cada corazón ante el sagrario
sea de amor una lámpara encendida.

Bendice, oh Dios, a quien por ti he dejado
y no puedo borrar del corazón…
Mas el tiempo..., cuán rápido ha pasado,
cuán presto se acabó mi adoración.

Quisiera levantar aquí mi tienda
como el apóstol Pedro en el Tabor
aunque su amor el mundo no comprenda.

Me voy, mi solo bien...,
te dejo en prenda mi pobre corazón...
ADIOS, SEÑOR.


Fuente: ADORACION PERPETUA ANTE JESUS SACRAMENTADO
Autor: P. Ángel Peña Benito, misionero agustino recoleto. con sede en Lima (Perú)

 
VISITAS A JESÚS EUCARISTÍA (2)

El P. Angel Peña Benito, agustino recoleto, misionero en Lima (Perú), nos ha dejado en su librito VISITAS AL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR, esto es, a JESUS EUCARISTÍA, unas cuantas visitas al Sagrario en dos partes: la primera, somos nosotros los que hablamos con Jesús. La segunda, es Jesús quien nos habla. Veamos.


VISITAS AL SANTÍSIMO SACRAMENTO
Si quieres, puedes hacer una estación mayor, rezando seis Padrenuestros, Avemarías y Glorias; uno de ellos por las intenciones del Papa. Pero, sobre todo, habla y escucha. Adora y ama. Renueva el ofrecimiento de la misa de tu vida y haz comuniones espirituales. También puedes decirle así:
1. Jesús, amigo inseparable, amor de mi vida, rey de mi corazón. Tú estás, todos los días, esperándome en la Eucaristía, y yo ni me entero. Perdóname, Jesús, por mi indiferencia y por mi cobardía para acercarme hasta Ti. Tú me esperas y, a veces, me dejo llevar del respeto humano y del qué dirán. Perdóname, tú sabes que soy un pobre hombre, pero te quiero con toda mi pobreza y mi debilidad.
Hace muchos años que salí de tus manos y pronto quizás llegará el día en que volveré a Ti... Mi alforja está vacía, mis flores mustias y descoloridas, pero mi corazón quiere ser todo para Ti. Me espanta mi pobreza y mi miseria, pero me consuela tu ternura. Estoy aquí, delante de Ti, como un cantarillo roto, pero con la ilusión de una vida mejor.
Señor, ¿qué te diré, cuando me pidas cuentas? Te diré que mi vida humanamente ha sido un fallo, que he volado muy bajo, que he cometido muchos errores, pero ahora te pido perdón, porque sé que Tú eres Amor y Misericordia. Señor, quiero ser tu amigo. Acepta en este atardecer la ofrenda de mi vida. Está llena de agujeros como una flauta. Tómala en tus manos divinas y haz que tu música pase a través de mi para que legue a mis hermanos. Que sea para ellos ritmo y melodía, alegría de sus pasos cansados.
Señor, te amo. Déjame que te lo diga con el corazón lleno de alegría, porque siento en este instante tu amor dentro de mí. Sí, te amo, Jesús, gracias por haberme creado, por haberme redimido, por haberme perdonado, por haberme escogido. Gracias, por haberme esperado tanto tiempo en la Eucaristía. Te prometo que no te dejaré solo y que todos los días vendré a visitarte y a pasar unos minutos en tu compañía. Bendíceme desde tu santo cielo del sagrario con el Padre y el Espíritu Santo. Saludos a mi dulce Madre María, que está contigo y a quien tanto quiero también. Señor, yo confío en Ti. Soy un pobre hombre, pero te quiero y quiero quererte sin medida y para siempre. Amén.
2. Oh mi Jesús sacramentado, yo te amo por tu paciencia infinita, porque día tras día me esperas en la Eucaristía. Te amo por todos aquellos que, alguna vez, han blasfemado y te han profanado en la Eucaristía. Te amo y te adoro en cada uno de los sagrarios del mundo entero, especialmente, en aquéllos en que estás más olvidado y abandonado. Te amo en aquellas hostias consagradas, que han sido tiradas o robadas o están siendo profanadas. Te amo y te adoro en aquellas partículas en que estabas presente, que han caído al suelo por descuido, y que han sido pisoteadas. Te amo en aquellos sagrarios, que están apolillados y tal vez rodeados de telarañas y hormigas. Te amo por todas las veces que no te amé y pasé indiferente ante Ti, presente en este sacramento, y por las veces que no creí en tu presencia real. También por las veces que no asistí a la misa o por todas las veces que asistí sin fe y sin amor, por compromiso social.
Te amo, porque Tú eres lo único realmente importante, el tesoro de los tesoros, Dios de Dios, luz de luz... Oh Jesús sacramentado, que brillas por encima de nuestras vidas con el resplandor de la hostia blanca. Oh Jesús divino, amigo de los hombres. Tú eres el Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo... Dame tu paz.
3. ¡Seas por siempre bendito y alabado mi Jesús sacramentado! Permíteme adorarte en todos los sagrarios del mundo y en cada hostia consagrada. Bendito seas por todas las comuniones en las que me he encontrado contigo. Perdóname por tantas veces en que te recibí sin ser plenamente consciente de lo que recibía. Quiero adorarte, Señor, y consolar el dolor que te causan aquéllos que te reciben, sin darse cuenta de tu presencia amorosa en la Eucaristía.
Haz tu morada permanente en mi corazón. Quiero estar siempre en adoración ante Ti, mi Dios. Consuela y cura a mis hermanos y familiares enfermos. Bendice a los tristes y abandonados. Sana mi cuerpo y mi alma. Tú eres la fuente de toda santidad, hazme santo. Dame la gracia de cumplir fiel y plenamente la misión que me has encomendado en este mundo. Quiero que mi mente y mi corazón sean UNO contigo.
Madre mía, conságrame Tú a Jesús y aparta de mi corazón toda soberbia y egoísmo para poder amarlo y adorarlo con un corazón puro y limpio. ¡Oh Jesús, estás vivo y presente entre nosotros en este sacramento del amor! Yo te amo en unión con todos los ángeles y santos del cielo. Yo te alabo con toda la Iglesia peregrina y con todas las almas del Purgatorio. Yo te amo y te adoro en todas las Iglesias del mundo. Hazme una hostia viva y santa, para que viva siempre en unión contigo, mi Jesús sacramentado. Amén.
4. ¡Qué bien se está cerca de Ti, Jesús Eucaristía! Tú eres manantial de santidad, fuente inagotable de gracias celestiales. De rodillas, con el corazón abierto, te pido tu bendición. Ven a mí, Jesús, y dame tu paz. Aquí estoy con todos mis pecados del pasado y con toda la ilusión de un porvenir mejor. Ten compasión de mí, Jesús. Quiero ser tu amigo, concédeme el don de tu amistad. Gracias por escucharme. Sin Ti mi vida no tiene sentido. Ayúdame en mi caminar. Ayúdame a continuar por este camino del amor... Ayúdame a serte fiel hasta la muerte. Te necesito. Ayúdame. Perdóname. Un momento cerca de Ti vale más que un millón de años fuera de Ti. Gracias por tu compañía.
Sé luz de mis ojos ciegos, sol en mi oscuridad, fuego para amar a mis hermanos, sé amor para todos dentro de mi corazón. Irradia sobre mí los raudales de tu luz y destruye todas las oscuridades de mis egoísmos, cobardías, mentiras y pecados. Jesús Eucaristía, mi Dios y mi Todo, sacramento de amor, alimento de las almas, consuelo en mis desgracias y fortaleza en mi debilidad. Jesús Eucaristía, contigo todo lo puedo. Tú eres más grande que cualquier dificultad. Tú eres más grande que todos mis pecados. Gracias por tu misericordia y tu perdón, gracias por tu comprensión, gracias por tu alegría. Inunda mi corazón con la paz que sale del manantial inagotable de la Eucaristía. Gracias Jesús.
¿Quién soy yo y quién eres Tú? Tú eres mi Dios omnipotente, mi Maestro, mi Redentor y Salvador, mi Creador, que te has hecho pan para poder vivir en mí y conmigo. Me das tu Corazón palpitante para que esté al unísono con el mío. No hay palabras para expresar lo inexpresable de tu amor. Hay momentos en que siento tu mirada sobre mí y me siento feliz de ser importante para Ti. Tu mirada es ternura y cariño y la siento en lo más profundo de mi ser. Gracias por amarme tanto y esperarme sin cansancio todos los días en este sacramento. En Ti quiero amar a todos, me ofrezco por todos y me uno a todos los santos y ángeles del cielo, que son mis hermanos.
María, Madre mía, enséñame a amar a Jesús y préstame tu Corazón Inmaculado para amarlo como tú. Amén.
5. Jesús, tu Corazón eucarístico está triste, porque hay muchos sagrarios en los que te sientes abandonado. Nadie te visita ni de día ni de noche. Muchas Iglesias están cerradas durante la semana o apenas abiertas para la misa de la mañana. En muchos pueblos, te pasas los días y las noches solitario, esperando a las almas que nunca llegan. ¿Es que en esos lugares no hay enfermos que quieran sanar? ¿No hay hambrientos que quieran comer? ¿No hay afligidos que quieran consuelo o necesitados que necesiten ayuda? ¿Es que no saben que en el sagrario estás Tú, el amigo divino, el médico de los cuerpos y de las almas, el consolador, el Dios todopoderoso? ¡Cuánta paciencia debes tener, Jesús, para no cansarte de tus hijos, que no te quieren visitar y te olvidan tan fácilmente!
Yo quisiera visitarte en todos los sagrarios del mundo y gritar a todas las gentes: Jesús está solo y no quiere ni debe estar solo. Allí está la fuente de la vida, el alimento del alma, la paz del corazón, la alegría del espíritu, el Dios amigo. Por eso, Señor, quiero visitarte todos los días, al menos espiritualmente, en todos los sagrarios y hacerte compañía, especialmente en aquéllos en los que estés más abandonado y olvidado. Quiero agradecerte por los que no lo hacen, pedir por los que no piden, comulgar por los que no comulgan, asistir a misa por los que no lo hacen y, sobre todo, amarte por los que no te aman.
Quiero visitarte todos los días en unión con María y voy a procurar buscarte muchos amigos y adoradores, especialmente entre los niños. Si es preciso, iré de puerta en puerta, buscando un poco de cariño para Ti... pediré a los católicos que vayan por turnos a visitarte, que no te dejen solo. Y, los que estén impedidos o enfermos, que vayan a visitarte en espíritu, echando a volar su pensamiento y su corazón hasta el sagrario para darte la alegría de su amor. Quiero ser tu misionero, centinela perenne del sagrario, adorador perpetuo, sobre todo en las horas nocturnas en que estás más solo. Quiero estar siempre vigilante contigo para defender a mis hermanos de las asechanzas del Maligno. ¡Cuánta luz sale del sagrario! Venid, adoradores, adoremos a Cristo Redentor.

VISITA A JESÚS EUCARISTÍA
Ahora escucha a Jesús:
1.- Jesús: Amigo mío, Yo te amo. Quiero que siempre escuches estas palabras mías en lo profundo de tu corazón. Sí, yo te amo y te he amado desde toda la eternidad y te seguiré amando por los siglos y siglos sin fin. Tú eres mi hijo, mi hermano, mi amigo y YO TE AMO. Y no sólo te lo digo yo. Mi Padre y el Espíritu Santo, que están conmigo en la hostia santa, también te dicen: YO TE AMO.
Por eso, cuando te sientas solo y creas que nadie te quiere, ven aquí y escucha estas palabras, que salen de mi Corazón divino. No temas, no te angusties. Si nadie te quiere, YO SI TE QUIERO. No te asusten tus pecados pasados, no me tengas miedo. Ven a Mí. Yo te espero para darte paz y todo lo que necesites.
Hijo mío, si supieras cuánto te amo, morirías de alegría. Por eso, aleja de ti la tristeza, la angustia o la desesperación. Y recuerda que, siempre que me necesites y tengas problemas, yo estoy aquí, esperándote, y te amo. No importa la hora en que vengas, siempre estoy despierto y vigilante, esperándote. No tengas miedo, solamente confía en Mí.
No tengas miedo a nada ni a nadie. Yo estoy contigo. ¿Acaso puede haber alguien o algo que te pueda derrotar o destruir? ¿La muerte de un ser querido? ¿Una enfermedad incurable? ¿La infidelidad del ser amado? Yo estoy aquí y soy la verdad, el camino, la vida y la resurrección. No temas, yo te daré la fuerza necesaria en el momento oportuno. Sólo te pido que confíes en Mí.
Y nunca odies, nunca mates ni con el pensamiento. No digas: no puedo perdonar. Yo soy el camino, déjate llevar y acepta mis designios sobre tu vida. ¿Alguna vez has pensado en el suicidio o en abandonarlo todo y marcharte? Ven aquí. Tengo todo lo que necesitas y quiero darte mi perdón, mi amor y mi paz. Confía en Mi. Ven a Mí, yo estoy aquí en el sagrario. Yo soy la luz. Yo soy tu Dios. No tengas miedo. Confía en Mí y ámame. YO te amo y te necesito.
Jesús, gracias por tu amor, gracias por mi vida y por mi familia. Gracias por todos los regalos que me has concedido a lo largo de toda mi vida. Gracias por mi fe católica. GRACIAS. Te quiero mucho y confío en Ti.

VISITA A JESÚS EUCARISTÍA
Escucha a Jesús:
3. Jesús: Querido amigo, cuando allá en el principio de los siglos decidí crearte, yo te amé. Desde entonces, siempre te he llevado con mucho amor en mi Corazón y he soñado contigo y te he dicho palabras de amor en el fondo de tu ser. ¿No lo crees? ¿Crees que no tengo sentimientos? Yo te amo, hijo mío.
Me gusta, cuando vienes a visitarme y me dices que me quieres. Me siento contento con tu respuesta de amor. Hijo mío, yo te amo, tú eres mi hijo. «Tú eres mi hijo, muy amado, en quien tengo puestas todas mis complacencias» (Mt 17,5). Tú eres parte de mi vida y «Yo nunca te dejaré ni te abandonaré» (Jos 1,5; Heb 13,5). Y ahora, cuéntame tus pecados, tus fracasos, tus penas y tus alegrías. Cuéntamelo todo. Todo me interesa, porque eres mí amigo. Tú eres todo para mí. Lo que más me duele es que desconfíes de mi amor.
Y, cuando lleguen días oscuros en que el demonio te haga dudar de mi presencia eucarística, no razones mucho. No dudes, ama. La Iglesia te habla de mi presencia en la hostia santa, el Evangelio también, todos los santos sin excepción me amaban y lo confirman muchos milagros. Cree en mí y ámame.
Amigo mío ¿estás cansado? Yo soy tu fortaleza en la debilidad. ¿Eres pobre y necesitado? Yo soy tu tesoro. ¿Estás solo y triste? Yo soy tu compañía y tu consuelo. Ven a mí y no temas. Yo te acompaño en tu caminar. Y conmigo ¿a quién puedes temer?
Sí, Jesús, «aunque pase por un valle de tinieblas, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan» (Sal 23,4). Quiero ser tu amigo.

VISITA DE UN ALMA PURA A JESÚS EUCARISTÍA
4. Jesús: ¡Cuánto amo a las almas puras! Quiero que tu alma sea un templo, un sagrario, una custodia, un cáliz, donde pueda estar y sentirme a gusto contigo. Cuando encuentro un alma pura, me siento atraído y quiero llevarla a la santidad. Mis mejores sonrisas y gracias las reservo para ellas.
¿Sabes qué es un alma pura? La que es transparente en todas sus obras y hace de la sinceridad la norma principal de su vida. Un alma pura es un alma limpia, sin mancha... Un alma que busca siempre mi voluntad y no la suya. Un alma así me glorifica más que una multitud de almas vulgares. Me siento tan solo en el sagrario... Son tan pocos los que me buscan con fe y amor en la Eucaristía... Y aquí estoy yo con todas mis bendiciones para repartirlas a los que vengan a visitarme y me siento triste ante tanta indiferencia, ante tanta falta de fe y de amor para conmigo, que soy un Dios de amor. ¡Cuánto me consuelan las almas puras, las almas eucarísticas! Gracias por tu deseo de pureza y hacerme tan feliz! Consuélame, ámame. Tus lágrimas y tus besos de amor me confortan. Yo te necesito.
Necesito que escuches mis lamentos por tantas ofensas que recibo. No olvides que también soy hombre y tengo un corazón sensible y necesito comprensión y amor.
Yo quiero que tú me imites en la humildad y silencio del sagrario. Quiero que tu cuerpo sea mi templo, tu corazón mi altar y tu alma mi custodia. Te quiero toda pura y limpia para mí. Quiero que seas toda mía. TODA DE JESÚS.
Adórame dentro de ti. Allí he puesto mi jardín y quiero que esté lleno de virtudes. Pero ¡cuántos trabajos y sufrimientos para que tu alma tenga un jardín hermoso y florido! ¡Cuánto hay que podar y escardar y quitar y poner!... ¡Cuánto silencio y humildad, cuánta pureza necesitas todavía!... Pero no te desanimes, yo te espero y tengo paciencia contigo. Lo que más me agrada es tu buena voluntad y tu deseo de superación y de santidad. Yo soy el divino jardinero y te ayudaré a limpiar el jardín de tu alma.
Ayúdame para que tu alma esté siempre en Primavera. Tengo sed de amor. Tengo sed de ser amado por tus hermanos. Todo lo que hagas para que otros me amen, te lo recompensaré. Tú ámame siempre. Yo pensaré en ti y en todas tus cosas hasta en los más mínimos detalles.
Jesús, Tú eres la fuente de la pureza. Dame tu pureza, porque quiero ser puro y limpio de corazón y quiero extender por el mundo la fragancia de tu pureza inmaculada, promoviendo la presencia de sagrarios y de adoradores de tu presencia eucarística.

VISITA DE UN ALMA FIEL A JESÚS EUCARISTÍA
Escucha a Jesús:
5.- Jesús: Cuando vienes a visitarme al sagrario, mi amor te envuelve, aunque no lo sientas. Por eso, te pido que hagas un verdadero acto de fe en mi presencia eucarística. Cree en Mí y piensa que yo, tu Dios, te miro con infinito amor.
¿Te imaginas lo que esto significa? ¿Que todo un Dios infinito y todopoderoso está pendiente de ti? Tengo todo mi amor y todo mi tiempo exclusivamente para ti. Tú eres tan importante para Mí que te amo con todo mi infinito amor. Tú eres mi hijo y yo quiero ser tu amigo. Quiero que me cuentes todos tus secretos y problemas y tentaciones, cuéntamelo todo y te daré mi paz. No te preocupes de mi silencio. Yo te amo en el silencio. Durante toda mi vida terrena supe guardar silencio, durante treinta largos años. Yo guardo silencio para que tengas tiempo para hablarme, pero también te pido que guardes silencio para que me escuches en el fondo de tu alma.
Estoy aquí contigo y te miro a los ojos con amor y bondad. Háblame. ¿No tienes nada que decirme? ¿No tienes nada que agradecerme? Yo me siento feliz, cuando tú me dices: Jesús, yo te amo. Y te respondo desde el sagrario: Yo también te amo. Háblame, cántame, mírame, sonríeme, bésame con tu alma y dime muchas veces: Jesús, yo te amo; yo confío en Ti.
Te amo, hijo mío, no lo dudes y recuerda que el sagrario es la fuente viva del amor, la fuente del amor vivo. Y quiero que tú seas un sagrario viviente y me lleves siempre en tu corazón. Imítame en el silencio, que guardo en la hostia consagrada. Yo estoy aquí, intercediendo ante el Padre. Y así te quiero a ti, intercediendo por tus hermanos en adoración silenciosa. Yo en la hostia me dejo romper, comer, llevar y traer en el más absoluto silencio y obediencia sin mostrar gusto o disgusto. Déjate también tú romper, si es preciso, para servir a tus hermanos. Debes ser una hostia viva, un amigo fiel, una misa viviente.
Jesús, estoy dispuesto a todo, lo acepto todo con tal de que tu voluntad se cumpla en mí y en todas mis cosas. Haz de mí lo que tú quieras. Yo te amo y confío en Ti. Gracias por tu amor.
Yo creo en tu poder para transformarme. Hazme apóstol de la Eucaristía entre mis hermanos. Quiero seguir tu camino a tiempo completo y para siempre. Quiero lo que Tú quieras, Señor. Quiero servirte en mis hermanos y ser un instrumento de tu amor en el mundo. Gracias por llamarme y ser mi amigo. Jesús, yo te amo. Yo confío en Ti.

VISITA DEL ALMA CONSAGRADA A JESÚS EUCARISTÍA
Escucha a Jesús:
6. Jesús: Querida esposa, alma consagrada. Tú estás siempre conmigo. Tú eres la flor más hermosa del jardín de mi Corazón. Te quiero con TODO MI CORAZÓN... Gracias, por venir a acompañarme, amarme... Ahora, quiero reposar un poco en tu corazón y recibir tu ternura y tu cariño de esposa. Son tantas las ofensas que recibo... Son tantos los consagrados que se olvidan de Mí y me dejan tan solo en el sagrario... Hay tanta indiferencia y frialdad en sus almas. Por eso, te necesito. Ayúdame a salvar almas.
Cuando estés trabajando, adórame en el altar de tu corazón. Quiero que estés siempre en mi presencia, que hagas continuos actos de amor, que vivas tu misa mística perpetua en el altar de tu corazón. Quiero que seas un instrumento de mi amor en el mundo, que seas mi intermediaria, que seas madre de todas las almas. Que hagas de tu vida un acto continuo de amor.
Aquí, en el sagrario, encontrarás toda la fuerza que necesitas para ser santa. Aquí, al pie del sagrario, está la fuerza de la vida. Aquí está la fuente de vida eterna. Aquí he formado a todos los santos y yo quiero que tú seas santa. No te olvides de Pedirme siempre por mis sacerdotes, mis hijos predilectos, a quienes tanto amo y quiero que tú ames. Quiero que seas madre de todos los hombres, pero en especial de los sacerdotes. Te los encomiendo y quiero que estén siempre presentes en tu corazón. Pide por ellos y ayúdales con tu vida y oración. Gracias, por tu ayuda. Gracias por tu amor. YO TE AMO. No tengas miedo. Yo siempre estoy contigo.
Jesús, gracias por tantas expectativas que tienes sobre mí. Gracias, porque a pesar de todo, sigues confiando en mí. Gracias por haberme escogido. Gracias por mi vocación religiosa.

VISITA DE UN ALMA DEL PUEBLO DE DIOS A JESÚS EUCARISTÍA
Escucha a Jesús:
7. Jesús: Querido hijo, soy un mendigo de amor y en la humanidad sólo encuentro indiferencia y frialdad. Estoy buscando corazones puros y sinceros, que me amen sin interés ni egoísmo. Busco quien me consuele y no lo hallo. «Las aves del cielo tienen sus nidos, las zorras tienen sus madrigueras, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza». ¿No podrías tú darme hospedaje en tu corazón? ¿No lo tienes limpio y presentable? ¿Por qué no me pides perdón en la confesión? Quisiera sentir la alegría de perdonarte... y, después, de poder unirme a ti en la comunión.
Todos los días vengo a la tierra en cada Eucaristía que se celebra, esperando a los hombres y muchos ni se enteran. ¿Por qué no vienes cada día a celebrar conmigo el gran misterio de la redención? Yo te invito y te estoy esperando, porque quiero hacerte verdaderamente feliz y llenarte a ti y a tus seres queridos de mis abundantes bendiciones. No temas, confía en Mí. No te angusties demasiado por tus preocupaciones. Déjalas en mis manos. Date un tiempo para Mí. Quiero estar a solas contigo y hablarte al corazón. Quiero que sepas que te amo. Y quiero también que tú me ames.
Dame tu amor, tus caricias, tu compañía. Soy un Dios celoso y te quiero TODO para Mí. No temas, lánzate sin miedo a mis brazos. Y siempre que tengas problemas o estés caído o abatido, dime sencillamente: Jesús, yo te amo. Yo confío en Ti.

VISITA DE UN ALMA CONFIADA A JESÚS EUCARISTÍA
Escucha a Jesús:
8.- Jesús: Desearía que te consagres a Mí. Quisiera que me ames y que te acerques a Mí con las manos abiertas, con el corazón abierto, con la mente abierta a todo lo que quiera darte o pedirte. ¿Tienes miedo de que te pase algo malo? ¿No sabes que todo el Universo está en mis manos? ¿No sabes que controlo hasta el último electrón del Cosmos? Ven aquí y descansa tranquilo entre mis brazos. No temas por lo que puede sucederte. Todo está bajo mi control. Descansa.
¿Quieres darme una alegría? Ofréceme todo lo que tienes: tus padres, hermanos, familiares, tu hogar, tu trabajo, tu cuerpo, tu alma, tus diversiones, tus necesidades, tus pecados, tus ilusiones... Dame todo. Y, después, dame la oportunidad de coger algo o de poner algo en tus manos. ¿Estás dispuesto? ¿Confías en mi amor por ti? ¿Crees en mi amor? ¿Crees que yo todo lo hago por amor? No temas, te quitaré algunas cosas y te daré otras, pero déjame hacer. No me digas lo que tengo que hacer en tu vida. Yo soy Dios y lo sé todo y TE AMO.
Consagrarse a Mí significa que me entregues todo sin condiciones y que me dejes actuar a Mí. Cuida de mis cosas y yo cuidaré de la tuyas. ¿Trato hecho? ¿De verdad? Te aseguro que no saldrás perdiendo, conmigo todos ganan. Así que no temas, déjame todo lo que tienes en mis manos, necesito las manos libres. Después no me pidas cuentas, aunque te duela. Yo soy buen médico y sé cuándo tengo que operar y dónde y sé lo que necesitas. No tengas miedo... Déjame amarte y hacerlo todo por tu bien, de acuerdo a mis planes, que son mejores que los tuyos. Tú ves sólo el presente, yo veo el futuro y, por eso, te pido que confíes en Mí. Entrégamelo todo sin excepción. Pon en mis manos tu salvación eterna, tu santificación, tu progreso, tu virtud, tus defectos, tus deseos, todo. Yo cuidaré de tu salud, de tus familiares y seres más queridos. Confíamelos sin temor.
Si te consagras a mí, debes velar por mis intereses. ¿Sabes cuáles son mis intereses? Las almas, sólo las almas. Ellas son mi tesoro, mi amor. Por ellas, me hice hombre y sufrí y morí en la cruz. Por ellas, estoy prisionero en el sagrario. Dame almas, sé un apóstol, sálvame almas. Para ello, te pido que ores mucho por ellas.
Además, te pido sacrificios. Acepta con paz todas las penas y trabajos de cada día. Lleva tu cruz diaria con resignación y ofréceme tus dolores y enfermedades por la salvación de las almas. Si eres capaz de ofrecerme todo tu dolor con paz... ¡qué rico apostolado estás haciendo ya! Haz también sacrificios voluntarios: privarte de una golosina, de un programa de televisión, de un gusto o de un capricho y dámelo todo con alegría. Yo quiero apóstoles alegres, con la sonrisa a flor de labios. Y, después, ofréceme todas las obras de cada día: tu trabajo, tu descanso, tu caminar, tu hablar, tu paciencia y tu comprensión con los demás, tu sonrisa y tu amor sincero... Y, a lo largo del día, levanta tu alma a Mí. También me gustaría que buscaras nuevos apóstoles que se consagren a Mí, que repartas literatura católica, buenos libros, que harán mucho bien a sus lectores... Es tan fácil ser apóstol. ¡Hay tantas maneras de hacerme feliz y hacer algo por la extensión de mi reino!
No te preocupes de hacer nuevas novenas u oraciones, no quiero cargarte con nuevas y costosas prácticas de piedad, solamente deseo que vengas cada día a visitarme al sagrario y me cuentes cómo te ha ido. Cuéntamelo todo y me sentiré feliz de que seas mi amigo y yo estaré orgulloso de ti. Si estás cansado, si te sientes angustiado, derrotado... y no tienes palabras para expresarte, no te preocupes. Ven a Mí, con confianza, quédate a mi lado, en silencio. Yo te entiendo y lo sé todo. Yo soy tu Dios. Y te amo infinitamente.
Y cada día renueva tu consagración y tu amor a Mí con una breve oración, que podría ser ésta u otra parecida: «Jesús, por medio de María me consagro a Ti y quiero que Tú seas el Señor y el Rey de mi vida». Y, siempre que puedas, búscame para recibirme en la comunión. En la misa y comunión te colmaré de gracias a rebosar.
Jesús, hago un pacto contigo de cuidar de tus cosas y de tus intereses para que tú cuides de los míos. Te confío y pongo en tus manos mi vida, mi alma, mi salvación, mi libertad y progreso espiritual, mi salud y cualquier obra buena que pueda realizar, mi familia, mi trabajo y mis cosas para que tú dispongas de ellas según tu voluntad. Jesús, Yo confío en Ti.
Quiero extender tu reino por el mundo y ser apóstol de tu Corazón eucarístico. Quiero que la Eucaristía sea el centro de mi vida y buscar por todas partes, muchos amigos de tu divino Corazón, que se consagren a Ti. En la Eucaristía nos encontramos cada día, en unión con María, para formar juntos UN SOLO CORAZÓN. ¡Jesús, amarte es mi cielo! Me siento orgulloso de ser tu amigo. Dame tu bendición

CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS
Yo, N.N., me consagro a Ti, Sagrado Corazón de Jesús. Tu Corazón eucarístico está vivo y palpitante de amor por mí en la Eucaristía y yo te doy gracias con toda mi alma por haberme creado y redimido, por haberme perdonado y por mi vocación. Te doy gracias por mi familia y por todos los hermanos que me rodean. Y por medio del Corazón Inmaculado de María, te consagro mi vida y mis acciones, mis penas y sufrimientos, para no servirme ya de ninguna parte de mi ser, sino para honrarte, amarte y glorificarte. Esta es mi voluntad irrevocable, ser todo tuyo y hacerlo todo por tu amor, renunciando a cuanto pudiera desagradarte.
Oh Corazón de mi Jesús, te elijo como el protector de mi vida, la garantía de mi salvación, el remedio de mi fragilidad, el reparador de mis pecados y mi asilo seguro en la hora de la muerte. Aparta de mí todo lo que te desagrada. Que tu amor se imprima en lo más hondo de mi ser de modo que jamás te olvide ni me separe de Ti. Te suplico que mi nombre esté siempre escrito en tu divino Corazón, porque quiero vivir y morir como verdadero hijo tuyo y amigo tuyo. Bendice a mi familia.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío
A JESUS POR MARIA
Que Dios te bendiga por medio de María.
Tu hermano y amigo Ángel Peña.

Agustino Recoleto.


TRES LIBROS PARA DESCARGAR:




ADORACIÓN PERPETUA – P. ANGEL PEÑA BENITO (O.A.R.), AGUSTINO RECOLETO

ORACIONES

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y, por los méritos de su Santísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pobres pecadores (Oración que el ángel de Portugal enseñó a los tres pastorcitos).

Oh Jesús, presente en la Eucaristía, quisiera ser la pequeña gota de agua que cae en el cáliz y se transforma, junto con el vino, en tu sangre divina. Quisiera ser una pequeña partícula del pan que, en la misa, se convertirá en tu cuerpo santo. Quisiera ser una gota de tu mar, un granito de la arena de tu playa infinita y una migaja de tu pan eucarístico para así pertenecerte por entero sin condiciones y así darme contigo a mis hermanos.


Gracias, Señor, por haberme hecho comprender que Tú eres la única fuente de alegría del universo y que sin Ti, nadie puede ser feliz. Gracias por haberte quedado tan cerca de mí en el sagrario, donde puedo ir todos los días a visitarte. Gracias, porque, cada vez que voy a visitarte, me encuentro con tantos millones de amigos, como son los ángeles que te acompañan y te adoran en cada sagrario. Gracias, Señor mío.

Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.
Oh, Dulce Corazón de María, sed la salvación del alma mía.
Amén.






Entradas populares de este blog

AUDIOS SOBRE LA DEVOCIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

DOCE PROMESAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS